domingo, 20 de febrero de 2011

¿Porqué doy clases?

Hace años empecé a dar clases por experimentar nuevos rumbos de trabajo. Recuerdo que buscaba aprender nuevas habilidades de relación humana y conocimiento. De ese tiempo a la fecha me he mantenido dando clases parcialmente, y trabajando de tiempo completo por otro lado en una industria de plásticos.

Las materias que por mis conocimientos y experiencia puedo impartir son las matemáticas, estadística y las ciencias, entre otras llamadas “duras”. Continuamente leo en diarios, revistas, e industrialmente, se comenta que estas materias los jóvenes no las quieren; les huyen, asimismo existe un alto índice de reprobación; en resumen no saben mucho de las mismas. Mi propósito ha sido desde un principio idear formas de enseñanza para que el alumno mientras esté en el aula fácilmente asimile el tema dándole ejemplos prácticos acerca de la importancia de cada uno. Esto es, presentando casos reales industriales o de negocios, que invito a reflexionar acerca de qué relación tienen esos fundamentos teóricos, con lo que pasa en la realidad afuera del aula en un proceso industrial o un trato con un cliente.

Este modelo lo he ido afinando según las personalidades promedio del grupo entre otras cosas, semestre tras semestre. Luego, me empecé a dar cuenta por las reacciones de los alumnos, sus evaluaciones y comentarios, que aprendían de una forma creciente, así como de viva voz, que les gusta la forma en que se dan los temas. Eso ha significado para mí tanto, que me ha dado fuerza y motivación a continuar la docencia. Por lo mismo ésta ahora se ha convertido en una actividad prioritaria en mis actividades laborales.

Yo no sé si es la vocación por la misma, o el contagio de ver las emociones que se provoca en los alumnos al terminar cada semestre, o la retroalimentación del gusto diferente de ellos por lo cuantitativo. Se ve cómo se despierta en ellos el aplicarlo o vivirlo ya en los procesos reales industriales. Creo eso es lo mejor que me está pasando en la enseñanza: la satisfacción de ver salir jóvenes que contribuirán al desarrollo industrial de México, con un agrado incrementado por éste tipo de materias especiales. En la medida que cada profesor aporte el “grano de arena” por el país de una forma congruente en la educación, México será un mejor país, que mucho lo necesita. Por esto y otras cosas intangibles, estoy en la docencia.

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