jueves, 17 de julio de 2008

No hacer nada de nada

Por fin me tomo un descanso. Pero me cuestiono, ¿un descanso de que? bueno es mejor anotar que es un receso para tomar energías, al tener un trabajo que me agrada hasta cierto punto, o más bien me gusta mucho. Debo aceptar que por mi naturaleza tiendo a quejarme de mi entorno laboral pero pienso es por mi afán de creer que todo es perfectible y se puede alcanzar niveles mejores en todos los aspectos. Y no me callaré ante lo injusto, imperfecto, lo mejorable –cual piedrita en el zapato– y lograrlo o ser parte del proceso de conseguirlo.

Para energizarme, me retiro al sitio donde está mi familia para estar con ellos. Lugar incomunicado hasta cierto punto en contraposición de una playa de moda o la ciudad histórica obligada. Aunque viéndolo bien es más para estar en un lugar apartado, que aunque hay electricidad, y tecnologías mínimas de comunicación y entretenimiento, se puede prescindir de ellas fácilmente.

Levantarse con la única presencia cotidiana de oler el café y la comida de la cocina. Donde en mi rutina de ciudad y hogar individualista no suele haberlo a menos que yo mismo lo prepare. Aquí está encima de la mesa la bebida aromática con un desayuno por compartir y no se diga la conversación de la familia deseosa de contar y saber las novedades. Que no son tan novedades lo que cuentan. Son historias y anécdotas que he oído como veces me he peinado en mi vida. La misma historia de Don Pifas la he oído en varias versiones, estados de ánimo y de personajes secundarios variados. En fin hasta esos momentos sirven para recapitular lo que vivo y hago en otros lugares con mis semejantes. Porque esos personajes están por todos lados y en todos los tiempos y a mi me toca tratarlos y que me aguanten.

Con todo eso por mientras se me olvida por completo mi teléfono! Y es que la señal del teléfono se pierde en ese lugar rural ¡Qué chido! El celular solo toma señal increíblemente y por arte de brujería en un sitio: el tronco de un árbol de mango al final del huerto. Si te mueves un metro a la redonda, la intensidad se pierde –curioso, por investigar, ¿alguien sabe porque?–. Solo se queda allí por si entra mensaje o llamada alguna, como un leve miedo de perder el hilo de contacto con ese mundo estresante del lugar donde vengo, “por si las dudas” –pienso–. La televisión es TV de señal abierta o gratuita, y solo funcionan tres o cuatro canales donde al mínimo paso de un auto se pierde o distorsiona la señal. Así que eso aniquila la intención de pasar momentos ante la caja tonta. Ni música alguna. Luego me reúno mejor con los padres a conversar de tiempos añejos. Con fragmentos intento correlacionar la historia aprendida, lo que está pasando por mi vida actual y me imagino lo que pasaba en realidad en lugar de escuchar esa leyenda magnificada.

Al final del día en el pueblo son las nueve de la noche y digo, n’oooombre que voy a hacer tan temprano a dormirme. Entro a mi cuarto y solo se oyen los ruidos de animales domésticos y nativos a lo lejos. Tomo el libro que me llevé para leer: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha con todas y sus más de mil páginas a cuestas. Apenas leo algunas diez, me duermo y no sé de nada hasta el otro día a las siete. Se repite la historia de no hacer nada.

Pensándolo bien descansé de no hacer nada. Es lo mejor yo creo, porque hasta preocuparte por hacer algo diario, te ocupa, preocupa, y desgasta energías. Regresé creo con mas energías y recibí uno que otro comentario de mi rostro cambió, y preguntan qué hice?. La realidad es que no hice nada... ¿no te animas a no hacer nada? ¿Qué miedo no? O ¡que rico!... pues inténtalo, te lo recomiendo...

... reflexiones surgidas: las personas que conozco, los trabajos que tengo, las cosas que hago y digo, los sitios que frecuento, me agradan, me gustan y aunque vaya a sitios de gran turismo
seguiré escapandome cada vez que pueda a no hacer nada ...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hacer nada... es solo un escape de la rutina que nos permite improvisar.

Me da mucho gusto que puedas darte el tiempo de cerrar las puertas de lo cotidiano.

A... y sigue contando tus anécdotas por éste medio... Es bueno dejar que los dedos bailen sobre las teclas y expresen lo que las palabras no puede decir.